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Bioluminiscencia, ¿A cuántos años luz estamos de Pandora?

Imaginaos por un momento andando por las calles de vuestra ciudad en la noche, y que en vez de la luz amarilla a la que estamos acostumbrados, el brillo reinante fuera de color azul o verde. Es una imagen utópica, en la que el uso del sodio se vería suplantado por elementos bioluminiscentes. ¿Recordáis Pandora, el mundo de Avatar? Pues estaríamos hablando de un entorno urbano que se iluminaría mediante esa misma energía de aspecto fantasmal y sin consumo.

Existen varios proyectos e intentos que durante los últimos años han buscado obtener resultados que se acerquen a esa visión, intentando ahorrar energía durante la noche o en espacios que no necesiten demasiada iluminación; su desarrollo ha seguido dos caminos distintos, diferenciados principalmente por el empleo o no de técnicas de manipulación genética.

La vía natural

La opción biolumínica entraña grandes complicaciones, y los dispositivos que se aprovechan de ella por ahora no han sido capaces de aportarnos las mismas condiciones que nuestras fuentes lumínicas habituales. Tomad por ejemplo la Microbial Home de Philips, proyecto de 2011 que buscaba reutilizar parte de sus desechos para proporcionar energía. Su iluminación bioluminiscente se conseguía a partir de unas bacterias alimentadas con metano, pero no desprendían demasiada luz; más que iluminar la estancia permitían delimitar el espacio y señalizar su ubicación.

Bioluminiscencia

Con principios distintos pero con parecido resultado, la lámpara Ambio de Teresa van Dongen tiene uno de los diseños bioluminiscentes más curiosos: consta de un tubo de cristal que contiene una solución que imita el agua marina y que sirve de pequeño ecosistema para unas bacterias que en su estado natural brillan al contacto con el oxígeno cuando las olas se mueven. Para poder conseguir imitar ese movimiento, la lámpara debe balancearse, con lo que consigue emitir luz cuando las bacterias reciben el oxígeno por un orificio en la parte superior.

Como en el caso anterior, su capacidad de iluminación no satisface nuestra demanda actual, pero marca unas pautas que pueden seguirse estudiando si se pretende avanzar por esta vía más natural que los proyectos que veremos a continuación.

La vía genética

Por otro lado totalmente opuesto, tenemos las investigaciones de un equipo de Cambridge que en 2010 centró su trabajo en el análisis del adn de luciérnagas y bacterias marinas para implantarlas posteriormente en bacterias E.coli que emitieran luz y les permitieran desarrollar árboles bioluminiscentes. Sus investigaciones genéticas les permitieron obtener bacterias que generaban luxes suficientes como para poder leer, aunque no alcanzaran su objetivo principal.

En 2014, influenciado por el brillo natural de algunas medusas, y con el mismo objetivo de conseguir árboles bioluminiscentes, Daan Roosegaarde, uno de los artistas más interesados en la iluminación alternativa (sus proyectos Van Gogh Path y Smart Highway bien merecen un vistazo), comenzó a colaborar en 2014 junto a la empresa Bioglow Tech con el fin de conseguir plantas modificadas genéticamente de forma similar a los experimentos ya comentados de Cambridge. Actualmente podéis buscar a esta empresa renombrada como Gleaux, que está a punto de comercializar sus primeros brotes de la que han dado en llamar Starlight Avatar, en una clara alusión al planeta antes mencionado.

Conclusiones

¿Y todo este estudio para conseguir apenas unos pocos luxes?

Se preguntarán algunos, y es que con la capacidad que nos aporta la iluminación actual, ¿valdría la pena el esfuerzo de conseguir estas pequeñas fuentes que parecen aportar tan poca luz? Como en tantas otras cosas, la clave recae en lo que necesitamos verdaderamente, ya que sabiendo las limitaciones de estas todavía incipientes fuentes de luz, podríamos enfocarlas hacia usos no muy exigentes, como señalización de emergencia (para teatros y cines), luces de ambiente o de lectura, o la iluminación nocturna de edificios, para la cual actualmente se malgastan cantidades ingentes de energía cuando nadie los usa, y en los que por poco que se aportara, nos garantizaría un ahorro energético muy necesario.

De todas formas, la distancia que nos queda por recorrer hasta un uso extendido de la bioluminiscencia es enorme, aunque no deja de ser una investigación interesante y de la que, a pesar de algunas controversias que pueda generar en su vertiente genética, vale la pena estar pendiente de ella.

Este artículo se publicó originalmente en el blog del Festival Internacional de Cine y Arquitectura – FICARQ

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Germán Valle
A pesar de que soy arquitecto desde 2015 y estoy empeñado en ayudar a construir, creo que más allá de la rigidez de nuestro mundo laboral hay lugar para los arquitectos al otro lado de la pantalla, donde podemos aportar nuestra visión y conocimientos al equipo creativo de los mundos que visitamos en la ficción.

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