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«Rogue One», el día que Star Wars se cruzó con Bernini

Es interesante analizar la relación que a través del tiempo han establecido algunos arquitectos con el poder vigente en su época, y cómo sus obras se han visto ceñidas a la voluntad de sus promotores. Con Rogue One: Una Historia de Star Wars, se nos cuenta una aventura centrada en la figura del ingeniero de la conocida Estrella de la Muerte, y como en esos casos históricos reales, es interesante hablar de la relación del mismo con el promotor para el que trabaja.

Galen Erso su relación con el Imperio le coloca en una situación terrible: es el máximo responsable de crear una «superarma» capaz de destruir planetas enteros, pero a la vez es el mayor detractor de su proyecto, hasta el extremo de dejar preparado un punto débil secreto para el Imperio y que sólo podrá detectarse en los planos que él ha creado.  Star Wars da un giro y aboga por la figura de este ingeniero y los planos de su obra como eje central de una historia.

Durante la película me resultó imposible no encontrar paralelismos de este personaje con Gian Lorenzo Bernini (1598 – 1680), artista que se valía del lenguaje constructivo impuesto en su época (y que para él dejaba de ser válido), para manejarlo a su antojo y dejar con él un mensaje en contra de la construcción de su tiempo. Se establece así un puente entre ficción e historia, que asemeja la vida de estos dos personajes gracias a la relación de Bernini con la arquitectura.

Su tiempo era heredero de la Contrarreforma, un momento histórico en el que la construcción deja de ser en Italia el proceso creativo y experimental que había sido durante el Renacimiento. Roma intentará consolidarse en esa época como cumbre del peregrinaje cristiano, a base de dotar a sus visitantes de muchas opciones eclesiásticas que visitar. No obstante, se alcanza un grado de repetición de iglesias prácticamente genéricas mediante un uso sencillo y rápido de la construcción clásica, con el fin de crear en la mente del visitante una imagen unitaria, un concepto de ciudad-iglesia.

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Iglesia del Gesú

Partiendo de la Iglesia del Gesú (Jacopo Vignola y Giaccomo della Porta, 1568-1584), se consigue un modelo basado en una planta de nave única y capillas laterales a la que se accede directamente desde la calle, eliminando el espacio del nártex, como si ciudad e iglesia formaran un continuo. Además, el auge de estas obras coincidirá con la conocida invasión en el Barroco del ornamento sobre la arquitectura: escultura y pintura dificultarán la contemplación de los elementos constructivos en sí, con el fin de recargar de imaginario católico la mayor cantidad de metros cuadrados posibles.

Estas decisiones y objetivos de la Iglesia y la ciudad, formarán para los arquitectos de la época una corriente difícil de esquivar, y ante esa situación, Bernini (y también Borromini, aunque este no sabría adaptarse igual de bien a las exigencias del poder) será un faro de esperanza para la arquitectura de su tiempo, aprovechando los márgenes de ese lenguaje impuesto, para demostrar que la innovación es posible ante cualquier contratiempo.

Si tomamos de partida alguna de sus obras como Santo Tomás de Castelgandolfo (1658-1661) y San Andrés del Quirinal (1658-1670), encontraremos en la planta de cruz griega de la primera, y en la ovalada de la segunda, un retorno a los estudios geométricos que caracterizaron el trabajo de Bramante y Da Vinci en San Pedro del Vaticano. Este amor por la geometría y el juego que otorga en contraste con la planta genérica del Gesù se verá además apoyado por sendas cúpulas que evitan toda representación pictórica del cielo, para hacer que el único cielo que puede contemplarse sea la luz que entra por las aberturas de sus tambores, no un ornamento que obstaculice el disfrute de la arquitectura. Tanta es la búsqueda de una arquitectura que no entre en conflicto con el ornamento, que en la fachada de San Andrés del Quirinal, el porche funciona no sólo como entrada, sino como elemento que separa el emblema papal de la fachada, indicando que la arquitectura de la fachada queda limpia de todo ornamento impuesto.

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Fachada y cúpula de San Andrés del Quirinal

Por otro lado, en la fachada de Santo Tomás se pondrá también en entredicho el uso de los órdenes clásicos, utilizando las pilastras no como delimitadoras de sus paramentos, sino como ejemplos de que el lenguaje clásico está llegando a unos extremos a los que hay que ponerles límite: si la arquitectura clásica se ha vendido a esa imagen barata de Roma, ¿hay que permitir que continúe? Si se me permite utilizar la pilastra para colocarla donde me apetece, ¿no ha perdido el orden clásico todo su valor?

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Fachada de Santo Tomás (iz.) Plaza de San Pedro (der.)

Asimismo, en la Plaza de San Pedro (1656-1667) Bernini incorporará a la ciudad otra de sus críticas con un espacio urbano normalmente asociado a los interiores de iglesia: el nártex que en su época se había perdido. Aunque el diseño final resultara ser un abrazo y una plaza abierta más que una antesala de líneas rectas, el juego y el respeto por la historia arquitectónica sigue vigente en su proyecto.

Salvando las distancias, el Imperio en Star Wars y la Iglesia de la Contrarreforma intentan mantener su orden gracias a la construcción, y esta serie de pistas y mensajes ocultos de Bernini (como muchos otros que no tienen cabida en este pequeño texto), forman un tapiz de su lucha personal por ocultar su verdad a ojos del poder establecido, del que bebe, pero del que a la vez se aprovecha para enviar su mensaje.En el otro lado de la pantalla, el mensaje de Galen Erso tiene el mismo objetivo pero en la ficticia historia galáctica: acabar con el orden establecido. No obstante, mientras que para Bernini ese orden es el uso sin contemplaciones de una arquitectura que para él ha perdido todo interés, para su contraparte galáctica será la política del miedo del Imperio y la destrucción que su propia obra puede provocar.

En Rogue One, el papel del arquitecto (en este caso ingeniero) cobra importancia gracias a su trabajo con los planos de la Estrella de la Muerte y el papel que tienen en la historia, ya que guardan el secreto de su creador: un punto débil que la Rebelión deberá aprovechar para destruirla. Ante la opción de vivir una vida alejada del Imperio, Erso decide sacrificarse viviendo bajo su yugo sabiendo que cualquier otro podría terminar esa obra, pero que sólo él sería capaz de sabotearla en secreto desde dentro.

Ante una situación similar, tanto Erso como Bernini se amparan en el poder para llevar adelante su verdad: el primero dejando ocultas las pistas para destruir su obra, y el segundo usando la arquitectura para poner en entredicho la construcción vigente de su tiempo, con el mismo propósito de destruirla. Ambos iniciarán así una chispa de rebeldía que permita sabotear la hegemonía del poder para el que trabajan, amparándose en su papel de obedientes artífices.


Este artículo se publicó originalmente en el blog del Festival Internacional de Cine y Arquitectura – FICARQ

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Germán Valle
A pesar de que soy arquitecto desde 2015 y estoy empeñado en ayudar a construir, creo que más allá de la rigidez de nuestro mundo laboral hay lugar para los arquitectos al otro lado de la pantalla, donde podemos aportar nuestra visión y conocimientos al equipo creativo de los mundos que visitamos en la ficción.

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